Cuestionario: Lola Marín

 

Lola Marín es una artista visual, investigadora de arte y doctora Cum Laude en Educación Artística y Arte Contemporáneo por la UCM. Su obra gira en torno a la memoria y el paso del tiempo, manifestándolo a través de objetos cotidianos encontrados con los que se embarca en un viaje de metamorfosis que da comienzo en el propio objeto y luego pasa al dibujo o a la pintura, para llegar al cuerpo y de nuevo regresar al objeto, que ha mutado.

Lola es arte a todas horas y exuda en cada pieza que crea parte de su ser. En propias palabras de la autora: «La creación es un acto de resistencia y supervivencia». Hemos querido darnos un paseo por su maravilloso mundo creativo y hacerle algunas preguntas para que podáis conocerla un poco más.


¿En qué momento de tu vida te das cuenta que deseas dedicarte al mundo del arte?

El arte y la creación van con mi identidad, siempre han formado parte de mí, somos indisociables, no podría existir sin la creación artística. Era (y es) la forma que tenía de crear realidades alternativas, me permitía escapar o inventar nuevos refugios. En casa decían que nací con un lápiz debajo del brazo, a los ocho años le comenté a mi madre que quería estudiar en la Academia de San Fernando para ser como Goya… Así que parece ser que tenía clara mi opción, mi vocación.  

 

¿Cuáles dirías que son tus obras y/o autoras/es de referencia?

Me interesan artistas que crean desde la experiencia, que trabajan desde las tripas, ya sea en artes visuales o en literatura. Las obras que rezuman o susurran poética. El arte confesional y el arte con una carga de denuncia social, especialmente centrado en la situación de las mujeres. Este interés se ve reflejado claramente en Mis poetas tristes.

 

¿Con qué Lola te llevas mejor con la escultora o con la pintora?

Con la escultora. El objeto me da más juego, tanto es así que, en ocasiones, los introduzco en mis obras pictóricas. La escultura, el objeto escultórico me satisface mucho más creativa y emocionalmente, aunque la verdad es que, en mi trabajo, los límites entre disciplinas son cada vez más difusos.

 

¿Si tuvieses que salvar una sola de tus obras cuál sería?

¡Qué difícil! Todas tienen muchísima carga emocional, significan mucho, pero hay que elegir… me quedaría con mi serie Relicarios, la empecé el año pasado y aún estoy jugando con ella. Es la continuación de mi proyecto La desmemoria que saltó del papel al objeto, en este caso, pequeños botecitos de cristal.



¿Cuál es tu momento preferido del día para crear? ¿Tienes alguna manía o sigues algún ritual a la hora de ponerte a trabajar?

Creo siempre que puedo, cualquier hora es buena, cada hueco que tengo (cada hueco que me dejan los trabajos alimenticios) es para la creación, es mi prioridad. Con el arte, el día no está perdido. Simplemente me pongo a ello, es como caminar, no pensamos conscientemente qué pie debemos mover, simplemente andamos. Eso me ocurre con la creación, está tan dentro de mí que a la hora de empezar a trabajar no me lo pienso mucho. Puede que se deba a que en realidad mi cabeza está todo el tiempo activa, generando imágenes, proyectos y basta el movimiento de un árbol, una conversación, un paseo, un libro o la luz que se cuela por la persiana para que en un momento determinado diga: “¡Uy, esto para tal proyecto o para una pieza nueva!”. Es una frase que repito constantemente. No tengo rituales ni manías, simplemente me pongo a ello. Soy muy disciplinada, nada perezosa y si tengo en mente varias ideas, ¡mucho menos! Aproveché el estado de alarma para crear. Desde que me levantaba hasta que me acostaba trabajaba en algún proyecto, el confinamiento me permitió dedicarme exclusivamente a aquello que me hace feliz y debido a la situación actual (y a mi salud) continuo en un semiconfinamiento, así que sigo creando sin parar, disfrutando y aprovechando cada minuto.

 

Durante el proceso de creación de Mis poetas tristes, ¿Redescubriste a alguna autora o encontraste algo que desconocías? ¿Tienes alguna preferida en particular o de la que nos quieras recomendar particularmente su obra?

La verdad es que sí, redescubrí a Ingeborg Bachmann y conocí a Martha Kornblith, ambas muy recomendables. Sumergirme en las vidas de todas las poetas incluidas en el libro fue demoledor para mí. Recorrer sus caminos a través de sus obras me impactó y afectó más de lo que pensaba (el sufrimiento ajeno me trastoca mucho). Todas ellas vivieron experiencias desgarradoras, tortuosas. Me sorprendió que Assia Gutmann acabara también con la vida de su hija y el caso de Teresa Willms Montt que fue juzgada por adulterio y encerrada en un convento por ello. Mis autoras preferidas siempre fueron y continúan siendo Plath, Pizarnik y Sexton, tras este proyecto añado a Kornblith. Todas las poetas incluidas en mi pequeño libro merecen ser leídas (aunque sus diarios hay que tomarlos con calma).



¿Cuál crees que es tu color fetiche a la hora de crear?

Diría que negros, rojos, ocres y blancos. Y en Mis poetas tristes rojos, negros y azules.

 

¿Tienes algún libro que nunca prestarías por miedo a perderlo?

Dejé de prestarlos hace años por ese mismo motivo, hay quien nunca los devuelve… Los libros son importantísimos, tesoros imprescindibles diría, así que mejor en mi librería. En su momento solo prestaba novela, nunca de arte, filosofía o poesía. No presto pero sí recomiendo.  

 

¿Hay alguna película que nunca te cansarías de ver?

Creo que no podría cansarme de ver el documental Pina y Paris, Texas, ambas de Wim Wenders.



En Mis poetas tristes, Lola Marín hace un magnífico recorrido por la vida y obra de veintiuna escritoras suicidas, centrándose en esos últimos instantes en los que decidieron poner fin a su existencia. En cada retrato se plasma con suma delicadeza a autoras como Virginia Woolf, Alfonsina Storni, Sylvia Plath, Anne Sexton o Alejandra Pizarnik. Una deliciosa antología personal y poética que reivindica la voz literaria femenina a la par que afronta un tema tan complejo como es el suicidio. No debería faltar en los anaqueles de cualquier amante de la buena literatura.


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