Cuestionario: Isabel Bono


Isabel Bono escribe, de eso no nos cabe duda, entramos en su Wikipedia y vemos una larga lista de títulos con sus obras poéticas y desde hace un tiempo también narrativas. Pero Isabel además de escribir hace fotos, crea prendas maravillosas de cualquier tela olvidada, hace pins para momentos específicos y unas pastelas de pollo riquísimas.

Nos apetecía mucho dejarnos caer por su email, ventana en la que es fácil encontrarla asomada y desde la que siempre saluda en forma de verso, para hacerle algunas preguntas y hemos tenido la suerte de que de inmediato nos ha contestado.

 

¿Cuándo empezaste a escribir y por qué?

Mi primer cuento lo escribí con 7 años. Había leído un cuento troquelado que me emocionó hasta hacerme llorar y quise probar a ver si yo también hacía llorar a mi madre. Mi madre se partió de la risa porque a la mitad del cuento me equivocaba y al oso (protagonista) le llamaba elefante. En fin, un desastre. Pero descubrí que escribiendo se podía hacer sentir cosas a los demás. A los 9 empecé a escribir "en serio": cada mañana escribía lo que había soñado durante la noche. Así hice oficio, digamos. Sigo apuntando lo que sueño en: laespumadelasnoches.blogspot.com

¿Cuáles son tus obras y autores de referencia?

Mi referencia principal es Beckett. Me gusta cómo cuenta. Creo que su manera de escribir es lo más parecido a cómo piensa el cerebro. No hay hilos ni tramoya. Del cerebro al papel del tirón. Todavía recuerdo el efecto que me produjo Molloy. Creo que llevo toda la vida intentando escribir mi propio Molloy.
Después llegaron Duras, Askildsen y Stamm.

¿Qué es lo que hace decantarte a la hora de escoger una lectura u otra?

A estas alturas ya sé lo que me va a gustar, tengo mi red transitiva de autores (si a A, B y a B, C, entonces a A, C). También me dejo guiar por los amigos que mejor me conocen Iker Biguri y Joan Masip. Siempre han acertado recomendándome autores.

¿Con qué Isabel te llevas mejor, con la escritora o con la lectora? ¿Y con la poeta o con la narradora?

Pues no hay mucha diferencia entre mis yo lectora/escritora, ni mis yo en versión poeta/escritora. Me temo que soy aburrida, soy la misma todo el rato.

¿Qué libro no prestarías nunca por miedo a perderlo?

Me encanta prestar libros. Los presto todos. Los buenos libros una vez leídos ya no se pierden, se nos quedan dentro para siempre. Sólo he perdido un libro en todos estos años: Los evangelios apócrifos prologados por Borges.

¿Qué libro de los que has escrito hasta ahora salvarías si te hiciesen un La decisión de Sophie con ellos?

De otra vida, porque no querría perder esos tremendos dibujos de Federico del Barrio.

¿Cuál es tu momento preferido del día para escribir? ¿Tienes algún ritual a la hora de ponerte a crear? 

No tengo hora ni sitio favorito, tampoco ningún ritual. Puedo escribir en pie en la acera en un papelito, en casa mientras veo la tele, o en la cama con la luz apagada y una linternilla. A boli, a lápiz, o directamente en el teclado. La verdad es que no tengo ninguna manía, ahora que lo pienso. Mientras camino por la calle ya voy construyendo lo-que-sea y al llegar a casa lo vuelco al papel. Si tengo que elegir un modo de escribir, quizá sería en movimiento.

¿Tienes algún personaje de ficción al que te gustaría parecerte? ¿Alguna vez has imitado a alguno o has hecho algo que apareciese en una novela?

Pues me gustan dos personajes. Rosewater (de Dios le bendiga, Sr. Rosewater de Vonnegut) y Winnie (de Los días felices de Beckett). Uno porque es un empresario-buena-persona y la otra por su optimismo a pesar de que la vida le llegue al cuello.

 

¿Una película que nunca te cansarías de ver?

Interiores, de Woody Allen.


Sabemos de tu faceta como escritora, pero también que haces fotos de lugares y objetos cotidianos y que creas cualquier prenda u accesorio a partir de un trozo de tela perdido. Y es que, aunque al final la pluma ganó a la aguja, habías estudiado para ser diseñadora. ¿Podemos ver algún boceto o creación tuya?

Mi primera foto la hice con 7 años, me prestaron una cámara. Una foto a mi madre (la tengo aquí al lado, enmarcada). Mi padre me regaló sus cámaras y la ampliadora. Molaba mucho hacer fotos y, sobre todo, revelarlas. Después llegó la era digital y "mató a la estrella de la radio".

Me gusta coser porque, mientras tengo las manos entretenidas, el cerebro descansa. De joven me gustaba hacerme la ropa para que nadie llevara una prenda igual a la mía. Con 15 años no encontraba calcetines de rayas, por ejemplo, compraba camisetas de mangas largas, las cortaba y con las mangas me hacía los calcetines a juego. Lo último que he hecho ha sido ponerle cintas a unas bailarinas (se me salían al andar). La verdad es que nunca dejo las prendas tal cual llegan de la tienda, siempre les quito o pongo algo. Los bocetos son del año 90, he perdido mucha mano (y ganado en sobriedad, afortunadamente).

 


Diario del asco es la segunda  novela de Isabel Bono, después de la galardonada con el Café Gijón Una casa en Bleturge.  En ella se detiene en la cotidianidad de un hombre anodino, un extra  rodeado de más extras que llevan una  vida en la que aparentemente no ocurre nada, una nada quizás demasiado pesada en la que la autora verbaliza la desgana a través de párrafos relámpago con la mesura de un gusano de seda. Un título así está claro que no iba a llevarnos hacia un retrato bonito (es la historia de un profesor de autoescuela que piensa en el suicidio como única salida a una existencia sin sustancia) y sin embargo hay momentos alegres, incluso algunos te arrancan una risa cómplice. Diario del asco es la mezcla del olor a humedad de prendas tendidas en el cuarto de baño y café reseco en la alacena y sin embargo también ahí está la poesía.



"Ojalá la muerte fuera eso: ver vivir a los demás desde un lugar cómodo, sin interferir en sus vidas ni ellos en la mía, en mi vida de muerto, y disfrutarlo. Una muerte con vistas. La muerte de los cobardes, la muerte de los que no quieren estar ni dejar de estar del todo." (Pág. 123 de Diario del asco).


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